cómo hacer masa madre

Cómo hacer Masa Madre en casa. Guía paso a paso

La masa madre es, ante todo, un ecosistema microbiológico vivo. Antes de hablar de harinas y proporciones, conviene entender qué ocurre realmente dentro del tarro: quién fermenta, quién puede contaminar y bajo qué condiciones un fermento aparentemente inofensivo puede volverse un problema de seguridad alimentaria.

Esta guía está escrita desde una perspectiva diferente. No solo te explicamos cómo hacer masa madre paso a paso, sino por qué cada decisión tiene una base microbiológica, y qué señales debes conocer para detectar una contaminación antes de que afecte al producto final.

📌 Nota profesional: La masa madre es uno de los fermentos más complejos que puede manejar un manipulador de alimentos en entorno doméstico o artesanal. Su control requiere conocimiento básico de microbiología, higiene y temperatura. Si trabajas en un obrador o negocio alimentario, este proceso entra dentro del alcance de tu plan de autocontrol APPCC.

¿Qué es realmente la masa madre? Una definición microbiológica

La masa madre es un fermento natural compuesto exclusivamente por harina y agua, en el que se desarrolla de forma espontánea una comunidad de microorganismos: levaduras salvajes y bacterias ácido-lácticas (BAL). Estos organismos trabajan en simbiosis: las levaduras producen CO₂ (que hace subir el pan) y las bacterias generan ácido láctico y acético (que dan sabor y actúan como conservantes naturales).

Lo que diferencia a la masa madre de una levadura comercial no es solo el sabor: es la complejidad del ecosistema y su capacidad para autoregularse si se mantienen las condiciones adecuadas. Cuando esas condiciones fallan, el equilibrio se rompe y aparecen los contaminantes.

Microorganismos beneficiosos presentes en una masa madre sana

Levaduras fermentadoras:

  • Saccharomyces cerevisiae – La levadura más común. Produce CO₂ y etanol, responsable del esponjado del pan.
  • Kazachstania humilis (antes Candida humilis) – Dominante en muchas masas madre estables. Tolera bien la acidez.
  • Torulaspora delbrueckii – Contribuye a la complejidad aromática en fermentaciones largas.

Bacterias ácido-lácticas (BAL):

  • Fructilactobacillus sanfranciscensis – Antes conocida como Lactobacillus sanfranciscensis. Especie clave en masas madre de larga fermentación. Aporta acidez equilibrada.
  • Lactiplantibacillus plantarum – Produce ácido láctico y tiene acción inhibidora frente a patógenos.
  • Limosilactobacillus fermentum – Contribuye a la producción de gas y al equilibrio ácido.
  • Pediococcus pentosaceus – Estabiliza el ecosistema en fermentaciones avanzadas.

Ingredientes y utensilios: criterios higiénicos

Cualquier manipulador de alimentos sabe que el proceso comienza antes de tocar el producto. En el caso de la masa madre, la contaminación más frecuente no viene de la harina, sino de los utensilios y del entorno.

  • Tarro de cristal (no plástico poroso): más fácil de limpiar y no retiene olores ni microorganismos de usos anteriores.
  • Harina: preferiblemente integral en los primeros días, ya que el salvado concentra más microorganismos nativos que facilitan el arranque.
  • Agua: si el agua del grifo tiene cloro residual elevado, déjala reposar 30 minutos o usa agua filtrada. El cloro puede inhibir las levaduras salvajes.
  • Cuchara de madera o silicona limpia: evita el metal en contacto prolongado con la masa ácida.
⚠️ Punto crítico de higiene: Lava el tarro con agua caliente y jabón antes de cada uso. No es necesaria la esterilización, pero sí la limpieza exhaustiva. Los residuos de masas anteriores son un vector de contaminación por mohos y bacterias indeseadas.

Cómo hacer masa madre paso a paso (con control microbiológico)

Día 1 – Inoculación

Mezcla en el tarro limpio:

  • 2 cucharadas de harina integral
  • 2 cucharadas de agua a temperatura ambiente

Remueve hasta obtener una pasta homogénea sin grumos secos. Cubre con un paño o tapa sin cerrar herméticamente – necesitas intercambio gaseoso. Deja reposar a 26-28 °C durante 24 horas.

Microbiología: En esta fase no ocurre fermentación visible. Las levaduras y BAL nativas de la harina comienzan a activarse, pero todavía no dominan. También están presentes enterobacterias y otros organismos que serán desplazados cuando baje el pH.

Día 2 – Primer refresco

Deberían aparecer las primeras burbujas, señal de actividad fermentativa. Puede haber un olor ácido suave o ligeramente a queso: es normal.

Retira la capa superficial si ha formado costra. Añade:

  • 2 cucharadas de harina
  • 2 cucharadas de agua

Mezcla bien. Deja reposar otras 24 horas.

Microbiología: Las BAL empiezan a producir ácido láctico. El descenso de pH comienza a inhibir a los organismos no deseados (enterobacterias, principalmente). Este es el momento más crítico desde el punto de vista de la seguridad: la masa aún no es lo suficientemente ácida para ser autoprotegiéndose.

Día 3 – Segundo refresco y selección natural

La masa puede haber crecido notablemente o apenas. Ambas situaciones son normales según la temperatura y el tipo de harina. Descarta la mitad y alimenta con:

  • 2 cucharadas de harina
  • 2 cucharadas de agua

El descarte no es un desperdicio: es una técnica de selección. Al reducir el volumen y añadir nutrientes frescos, favoreces a los microorganismos más adaptados y aceleras la estabilización del ecosistema.

Día 4 – Activación

La masa debería haber doblado o triplicado su volumen. El olor es ahora claramente ácido, con notas a yogur o vinagre suave. Esto indica que las BAL están dominando y el pH ha bajado lo suficiente como para inhibir a la mayoría de patógenos.

Realiza otro refresco y esta vez cierra el tarro herméticamente. Si en 2-4 horas la masa vuelve a doblar su tamaño, está lista para usar.

Contaminación en masa madre: cómo identificarla y qué hacer

Este es el apartado más importante desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, y el que menos desarrollan los blogs de cocina habituales.

Señales de contaminación que debes conocer

Señal visual/olfativaCausa probableAcción
Moho negro, verde o rosaAspergillus, Penicillium, FusariumDesechar completamente. No retirar solo la parte visible.
Olor a disolvente o acetonaHansenula spp. u otras levaduras contaminantesAumentar frecuencia de refrescos. Si persiste, desechar.
Olor a amoníaco o podridoBacillus subtilis, Pseudomonas spp.Desechar. Posible contaminación cruzada del entorno.
Líquido gris oscuro en superficieHooch (alcohol + agua): masa hambrientaNormal. Retirar el líquido y refrescar con más frecuencia.
Color rosado en la masaFusarium spp. o Serratia marcescensDesechar de inmediato. Posible producción de micotoxinas.
🚫 Regla de oro: Ante la presencia de moho, nunca retires solo la parte visible y uses el resto. Las micotoxinas producidas por mohos como Aspergillus o Fusarium difunden por toda la masa y no se eliminan con el calor del horneado. Desechar es siempre la opción correcta.

Condiciones que favorecen la contaminación

  • Temperatura por encima de 30 °C: favorece el crecimiento de bacterias no deseadas y mohos.
  • Refrescos espaciados más de 48 horas a temperatura ambiente: la masa se queda sin sustrato y el pH sube, perdiendo su capacidad de autoprotección.
  • Utensilios sucios o compartidos con otros alimentos crudos.
  • Almacenamiento en plástico poroso o tapas con residuos de usos anteriores.

Temperatura: el factor de control más importante

Desde la perspectiva de la seguridad alimentaria, la temperatura es la variable más crítica en cualquier proceso de fermentación. En el caso de la masa madre:

  • 18-22 °C: fermentación lenta. Sabor más complejo, mayor acidez. Adecuado para fermentaciones en nevera.
  • 24-28 °C: zona óptima para el desarrollo equilibrado de levaduras y BAL.
  • Por encima de 30 °C: las BAL se ralentizan antes que las levaduras, rompiendo el equilibrio. Mayor riesgo de contaminación bacteriana.
  • Por encima de 35 °C: las levaduras salvajes comienzan a morir. La masa puede parecer activa (por bacterias termófilas) pero el ecosistema está deteriorado.

Conservación segura de la masa madre

Una vez establecida, la masa madre puede conservarse en nevera a 4-6 °C y refrescarse una vez por semana. A esta temperatura, la actividad metabólica se ralentiza y el riesgo de contaminación es mínimo, siempre que el tarro esté limpio y bien cerrado.

Para reactivarla, sácala de la nevera, descarta la mitad y realiza un refresco a temperatura ambiente. En 4-8 horas debería estar activa y lista para usar.

Masa madre en entornos profesionales: implicaciones regulatorias

Si produces pan con masa madre en un contexto comercial (obrador, restaurante, catering o venta directa), el proceso de fermentación forma parte de tu sistema de autocontrol y debe estar documentado en tu plan APPCC. Los puntos de control relevantes incluyen:

  • Temperatura de fermentación y almacenamiento
  • Control visual de contaminación en cada uso
  • Higiene de utensilios y superficies de contacto
  • Trazabilidad del fermento (fecha de inicio, tipo de harina, refrescos realizados)

El personal que manipule masa madre en entorno profesional debe contar con formación en higiene alimentaria actualizada.

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Sobre el autor: Vicente Rueda

Licenciado en Veterinaria por la Universidad de Córdoba, España. Experto en Seguridad Alimentaria gracias a la Universidad de San Pablo CEU (Máster Universitario en Seguridad y Calidad Alimentaria) y Veterinario Oficial autorizado por la Food Standards Agency en la Universidad de Bristol (Reino Unido) Experiencia de más de 7 años como Veterinario Oficial para "Food Standard Agency" y "Local Authorities", trabajando del lado de la administración británica, haciendo inspecciones y auditorías en industrias alimentarias y en Puestos de Inspección Fronterizos, a través de Eville & Jones Ltd. y ARO Company Ltd. Actualmente, en España, trabaja en varios proyectos de consultoría para empresas del sector alimentario y formación de manipuladores de alimentos tanto presencial, a distancia y online. Perfil profesional completo de Vicente Rueda

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